EL CERRO DRAGON
EL CERRO DRAGON

EL Dragon dormido en las arenas del norte de Chile.

La entrada y salida de Iquique por la cuesta, ha estado vigilada siempre por ese enorme lomo de bestia fabulosa, su escurridiza arena y la distorsión del viento hace que se vea un movimiento semejante a la respiración, la cual generó innumerables historias alrededor suyo, como si la bestia aveces quisiera despertar.  Por las tardes adopta colores ígneos que refuerzan las razones de su nombre: el Cerro Dragón.

Interesante ha sido al respecto, la obra de rescate y recopilación hecha por el periodista Patricio Riveros, fallecido prematuramente, y de cuyos escritos en la revista "Agenda Dragón Cultural" hemos tomado el contenido de la principal leyenda sobre este cerro.

Riveros cuenta de un mito según el cual, las zonas arenosas y rocosas de Iquique eran habitadas por dragones con aspecto de reptiles más grandes que un elefante, que vivían 800 años cómodamente y sin depredadores que les hicieran frente. Bebían agua de un géiser caliente, además. Cazaban animales engañándolos: se echaban a dormir, pareciendo un roca, y estos se les acercaban buscando calor. Entonces el dragón despertaba y echaba fuego a sus presas, dándoles captura y devorándolos. Sin embargo, había un dragón de los últimos que quedaron, muy especial y nacido en Los Andes, que se vino a vivir a Iquique pero no compartía con sus congéneres, pues no echaba fuego y, aunque era solitario, se comportaba más amistoso con otros seres. Escogió los arenales de Cavancha como su morada y allí permaneció hasta que llegaron a sus reinos unos indígenas canoeros, los uros expulsados desde el Titicaca, que las demás tribus llamaban changos. Ellos estaban viajando constantemente al islote blanco de Cuadros, después llamado Serrano, desde donde explotaban las covaderas para venderle guano a los españoles.
Un día de aquellos, los changos se encontraron con el dragón mientras éste dormía en el agua, cuando iban a la isla, pero lo confundieron con una roca gris. Cuando éste despertó, sin embargo, observó a los hombres trabajando en la recolección del abono natural y decidió entrar en contacto, avanzando hacia ellos y saliendo del agua. Los changos se sorprendieron y le ofrecieron carne de ballena, pero el dragón no quiso, pues era amigo de estos animales. De todos modos, hicieron amistad con la bestia, y ésta se ofreció para ayudarlos a cargar el guano hasta la Pampa del Tamarugal, ganándose de inmediato el cariño y la amistad de los changos.
Gracias al dragón, los indígenas se hicieron muy ricos, justo en los días en que el imperio inca era sometido por los españoles. Sin embargo, al avanzar la colonia y llegar los tiempos de la república, Iquique comenzó a llenarse de casas y habitantes peruanos atraídos por la actividad minera argentífera y salitrera, mirando con recelo los negocios que los indígenas realizaban por generaciones con el amistoso dragón. El gobierno del Perú comenzó a exigir un impuesto a los changos, pues consideraba el guano de su propiedad. En consecuencia, la actividad se paralizó y el dragón, muy triste, quiso emigrar al Loa, pero ya estaba envejeciendo y seguía amando su Cavancha, por lo que siguió viviendo allí.
En 1875, sucedió un gran incendio en Iquique, que destruyó 27 cuadras. Incapaz de explicarse cómo avanzó tan rápido el fuego, el gentío acusó injustamente al noble dragón de haber provocado la tragedia y la muchedumbre corrió a atacarlo hasta su lugar de descanso en la playa. Aunque él les recordó que no era capaz de producir fuego como otros dragones, de todos modos se preparó un batallón de fusileros para exiliarlo o  darle muerte. El  dragón, viejo y cansado incapaz de causar daño, antes de marcharse.. Y cual valentía tuviera   aceptó el cruel destino y sólo pidió que le permitieran escoger en qué lugar  debía perecer, eligiendo el lugar de dunas y arenas hacia el Sur de Iquique.
Pero un chango fue a toda prisa hasta allá, tratando de persuadir a la chusma de no dar muerte al gigante.

Cuando estaban por descargar las armas encima, apareció ofreciendo finas y caras perlas marinas a cambio de que le perdonaran la vida. Sólo con este tesoro pudo salvarlo, pero le exigieron irse a la playa Huayquique y no volver a salir de allí.
El dragón pasó sus últimos años en este sitio hasta que, agobiado por el cansancio y la tristeza, decidió avanzar hasta los acantilados de la cordillera de la costa, y allí murió en silencio, en el mismo sitio de dunas donde casi fuera ejecutado. Las ballenas de la costa lloraron su muerte, llegando hasta los bordes de la playa y soplando su pena al unísono, provocando una enorme tormenta de arena que tapó el cuerpo del dragón para su eterno descanso.
Así nació, entonces, lo que ahora se conoce como el Cerro Dragón.

 Declarado santuario de la naturaleza Decreto supremo N 419 el 8 de Abril del 2005.

Dirección: Límite sur-oriental de la ciudad de Iquique 20º 13’S y 70º 01 E. 500 metros de altitud., Coordenadas punto culminante son: 20º 15’ 23” S de latitud y 70º 07´ 09” E.
Teléfono:
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Sitio Web: http://iquique360.com/culturaurbana/1